Dios me ha dado muchas cosas en mi vida: una familia, una vivienda, comida y múltiples cosas más. Pero una cosa que agradezco mucho, en este momento de mi vida, es mi vocación, que es para mí como un regalo o un don.
El primer llamado que sentí fue apenas cuando tenía 11 años, en el santuario de Nuestra Señora de la Salud de Bojacá, donde, desde hace cinco años y medio presto mi servicio como acólito. En este grupo he pasado por muchos problemas, que en ocasiones me han traído alegrías pero también muchas tristezas. Sin embargo, considero que esto es normal en cualquier sendero por donde vayamos.
Siguiendo en este camino de servicio en el Santuario, conocí a muchos religiosos agustinos, debido a que Bojacá - Cundinamarca es el lugar donde se forman los Novicios de Colombia, Bolivia y Ecuador. Ellos son personas muy amables, alegres, y devotos a Nuestro Señor Jesucristo. Viendo en todos ellos el interés de seguir y servir a Dios, me animé mucho a seguir también esta vocación, que, para mí, es el mejor camino que podemos tomar, siguiendo las enseñanzas y viviendo el amor que nos dejó Jesús.
Sabemos que en la actualidad hay muchos problemas sociales; que ahora los vicios, pasiones y muchas cosas nos atraen, pero debemos luchar contra estas tentaciones y debemos estar muy orgullosos de haber sido llamados para glorificar el nombre de Jesucristo, dar testimonio y profetizar las enseñanzas que nos dejó el Señor a personas que no lo conocen o que no tienen fe en el amor de Dios, y así ser ejemplo para más jóvenes que buscan a Dios....continúa...
